Algo que siempre me ha llamado la atención del mundo de la noche son las parejas formadas por una chica de espectacular belleza (y con tendencia a la mirada melancólica, en muchos casos) y un individuo de aspecto infame. Es algo que también se da en el famoseo.

Con el tiempo descubrí el secreto que se esconde detrás de la mayoría de ese tipo de parejas.

Las chicas bellas no suelen pagar nada en el mundo de la noche. Entran gratis a los sitios, y si quieren una copa siempre habrá alguien que las invite: alguien que quiera ligar con ellas, un relaciones públicas… alguien. Lo mismo pasa con las drogas. Si quieren drogas, siempre hay alguien que las invite. Lo que no saben es que esas invitaciones no son gratis.

Los camellos de aspecto infame saben que tienen poco o nulo atractivo para las chicas bellas. Pero también saben del poder que les puede dar respecto a ellas las sustancias que venden. Y ese es el inicio de esas parejas que me llamaban la atención.

Una chica bella que quiere drogarse, consigue fácilmente ser invitada a drogas. La chica se aficiona al tema, y cada vez consume más. Y llega el momento en el que se convierte en adicta. Y ahí deja de ser libre. No tiene dinero para pagar lo que necesita meterse. No puede conseguir dinero trabajando porque su estado mental no le permite trabajar. Y tampoco puede dejar de meterse. Y ahí es cuando el camello de aspecto infame se empieza a cobrar toda esa droga a la que la ha invitado. En esta tesitura la bella sólo tiene dos opciones para conseguir las drogas que necesita: hacerse novia del camello, o prostituirse. Mal rollo. Ya no es libre. También puede optar por desintoxicarse, pero el mundo de la noche tira mucho a algunas personas, y abandonarlo no les parece una opción aceptable, así que sólo piensan en las otras dos. Y así se convierten en esclavas de su camello. Novias, lo llaman. Pero no lo son, son esclavas, sin libertad, a expensas de las drogas y, por tanto, de quien se las suministra.

Y así es como se forman estas parejas formadas por “bella + infame”.

Sí, sé que no es esto lo que cuentan en los programas de cotilleo, ni en las películas, en las series, en las canciones… ahí cuentan que las drogas son divertidas, y que los que se drogan son guays y se lo pasan mejor que nadie. En algunos programas y revistas del corazón, incluso, nos cuentan que este tipo de parejas son idílicas. Pero no es cierto. Las drogas esclavizan y arruinan vidas.

Como dijo el papa Francisco: “La adicciones son la esclavitud de nuestro tiempo”. TODAS las adicciones. Quienes controlan aquello que provoca adicción, controlan a los adictos y, así, les esclavizan.

jlh

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